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Manifiesto de Atarraya

Viernes 30 de abril de 2010, por Atarraya (Fecha de redacción anterior: 3 de septiembre de 1997).

Atarraya hace énfasis en la importancia de los actores de la sociedad civil para el desarrollo de formas novedosas de participación los asuntos colectivos en todas las escalas, desde lo local hasta lo global.

En Atarraya soñamos con sociedades más libres, plurales y sostenibles. Apostamos nuestros esfuerzos porque las organizaciones de la sociedad civil puedan usar la Internet y, en general ,las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) para aportar en la construcción de un mundo más justo, equitativo y seguro.

El mundo se ha achicado, sin embargo es cada vez más difícil de entender; vivimos una época llena de paradojas. Tenemos una visión cada vez más clara de nuestro planeta, la televisión nos ofrece una increíble ventana a todo lo que nuestros abuelos ni siquiera hubieran aceptado que existía: la sorprendente forma del ornitorringo australiano, los extraños ritos culturas africanas, la sorprendente culinaria china o la nunca antes imaginada posibilidad de presenciar en vivo y en directo –desde la sala de nuestra casa— los bombardeos de las ciudades iraquíes o kosovares.

La razón, la ciencia y la tecnología se han impuesto. Nuestra cotidianidad está invadida por los productos de la tecnología, no podemos imaginarnos viviendo sin electricidad, sin agua a domicilio, sin teléfonos, sin televisión... La química nos ofrece reemplazar a la biología y al trabajo como fuente de aseo en el hogar, de salud en el cuerpo y de alimentos en el campo. La biotecnología ofrece a los científicos el poder de los dioses. La informática y los medios de comunicación nos prometen el ágora global.

La economía se ha globalizado y la democracia ha triunfado. Millones de perdedores quedaron por fuera del juego global, indígenas, campesinos, pobladores urbanos pobres, desempleados. El poder real está cada vez más en manos de los no elegidos, los presidentes de las grandes corporaciones transnacionales, los manipuladores de los medios de comunicación, los controladores del tráfico de todo: gente, materiales, armas, dinero.

Pero la esperanza florece, por todo el mundo surgen grupitos, grupos, grandes grupos y hasta gigantescas organizaciones que cultivan el derecho a la esperanza en un mejor futuro con aire fresco, agua clara, suelo fértil, selvas exuberantes, culturas diversas, seguridad alimentaria, seguridad social, continuidad cultural, equidad de género, equidad intercultural, equidad intergeneracional y equidad internacional.

Son una entelequia amorfa de que se autodenomina sin ánimo de lucro, porque dice estar por fuera del mercado; otras no gubernamental porque dice no querer el poder; también se llaman sociedad civil aunque a veces no sepan por qué. Pululan por todo el planeta incluso por encima de la falta de discursos redentores, o tal vez por ella misma.

Dan las pequeñas peleas cotidianas por la mejor calidad de vida en los barrios y en los campos, también las grandes peleas contra las amenazas globales como la destrucción de la diversidad o la concentración del poder global en la banca y las transnacionales. Sin embargo no se logran poner de acuerdo entre sí en muchos temas –casi en ninguno—, pero saben que los otros y las otras están ahí y que pueden llegar a ser un apoyo significativo, en las pequeñas y las grandes luchas. En la construcción de los pequeños procesos esperanzadores que hombres y mujeres de todo el mundo intentan sacar adelante cada día, principalmente porque creen en un mejor futuro.

Como los directivos de las grandes corporaciones o las cabezas de la banca, estos soñadores-constructores de mundos nuevos no son elegidos por votaciones, pero son mirados con preocupación por los políticos, consultados cada vez con más frecuencia por los medios y respetados de manera creciente por el conjunto de la sociedad que ve en ellos y ellas personas honestas que trabajan por el bien común de manera desinteresada.

Pero están lejos de ser los héroes épicos de la posmodernidad, son seres humanos con virtudes y defectos como todos los demás. Algunos responden a intereses que están lejos de ser los altruistas discursos que expresan, otros son capaces de poner la vida de un bicho por encima de la vida de una persona, no faltan los que se han hecho ricos con las peleas sociales. Sin embargo –con todos sus defectos—las organizaciones de la sociedad civil representar una nueva forma de intervenir en lo público, de ofrecer mecanismos reales de incidencia en la construcción del mundo para el porvenir.

Entre las muchas opciones para la comunicación y la difusión de información, la Internet y los computadores son una de las herramientas más usadas por las organizaciones de la sociedad civil. Con costos relativamente bajos el uso de Internet permite de manera rápida y efectiva alcanzar escenarios globales, publicar información valiosa y establecer interlocuciones mundiales.

Como la sociedad misma, la Internet es un fenómeno contradictorio. Su existencia no sería posible sin un mercado global altamente unificado y una economía transnacional que permite el desarrollo de productos de consumo de alta tecnología. Pero al mismo tiempo Internet permite cada vez mejor el intercambio de información y la coordinación de acciones entre propuestas disidentes.

Algunos ven la Internet como un territorio en disputa –por tanto temporalmente autónomo— donde aun es posible la libertad de expresión mucho más allá de los límites impuestos por las condiciones de mercado, el acceso al saber y la censura directa en la mayoría de espacios de expresión convencionales. Otros la consideran únicamente un producto más del desarrollo capitalista destinada a ser un medio más de la homogeneización de la vida.

Muchos consideran la Internet un síntoma del advenimiento de una nueva era de la información, que reemplazará a la era industrial como ésta substituyó a la agrícola. Un tiempo en que la producción, manipulación e intercambio de conocimiento se convertirán en la más importante fuente de generación de riqueza social.

No hay certezas para el futuro, las organizaciones de la sociedad civil pueden llegar a ser innovadoras formas de participación de la gente en los asuntos públicos o nuevos mecanismos de manipulación de las personas por parte del poder. La Internet puede convertirse en un espacio cada vez más plural de expresión libre de la diversidad de pensamiento o evolucionar hacia una repetidora más de la misma retahila que los demás medios transmiten a diario.

Atarraya es una apuesta por que Internet sea un espacio de democracia, libertad y capacidad de acción colectiva.

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