
La Revolución Verde intentó fortalecer esta tendencia haciendo la agricultura dependiente de la industria. La máquina de vapor inventada por James Watt se convirtió en uno de los símbolos más importantes de esta época. Pero hubo un cambio tal vez más importante en la sociedad, se cambió la noción del tiempo, el reloj, conocido de tiempo atrás, dejó de ser un adorno de las iglesias para convertirse en una herramienta de la vida cotidiana. Las horas y los minutos comenzaron a valer oro. Los salarios se empezaron a pagar en función de la cantidad de tiempo invertida.
La revolución informática está cambiando de nuevo la forma de percibir el tiempo. Ya no solo cada segundo es importante, los nanosegundos también son vitales, la velocidad de los procesadores de datos, o de los buses de comunicaciones varia unos cuantos nanosegundos en cada nueva versión lo que los hace algo más eficientes.
Cuando uno se puede comunicar a cualquier parte del mundo a la velocidad de la luz surgen problemas inesperados: cuadrar una reunión de coordinación de un proyecto internacional implica tener en cuenta que los europeos están almorzando cuando en América estamos desayunando, los australianos también están a punto de almorzar solo que para ellos ya es el día siguiente. Incluso decir América resulta demasiado general porque mientras en Recife, Brasil, se aproxima el medio día, en Baja California, en México, apenas amanece, y en Anchorage, Alaska, pueden ser las 3 de la madrugada. Y como si no fuera suficientemente complicado, el horario cambia en muchos países tanto de muy al norte como de muy al sur en el verano.
Todo esto no sería ningún problema si no tuviéramos la posibilidad de comunicaciones instantáneas con todo el mundo gracias a las TIC. Incluso si fuera posible viajar a cualquier parte del mundo pero no llamar por teléfono, mandar e-mail o hacer un chat, las diferencias de horario no tendría mayor relevancia, solo sería un dato interesante que se aprende una vez en la escuela, pero no afecta la vida real. Pero el planeta tierra ya no es tan grande, como lo hemos visto, su circunferencia es de apenas 40.000Km y la luz viaja a 300.000Km por segundo, también lo hacen las ondas electromagnéticas, por lo tanto no existe ningún lugar del mundo que una señal de satélite no pueda alcanzar en menos de un segundo. Apareció la comunicación en tiempo real.
Ya hace siglos la palabra escrita posibilitó la comunicación entre lugares remotos, una carta podría ser llevada a un territorio lejano en algunos días, meses o años... En 1492 Fernando e Isabel, los Reyes Católicos de España recibieron noticia del éxito de Colón en su viaje varios meses después de su partida, si las carabelas se hubieran hundido en el viaje de vuelta nunca se hubieran enterado del éxito de la incursión en esas tierras distantes. El 20 de julio de 1969 Richard Nixon, el presidente de los Estados Unidos, tardó unos segundos en enterarse que sus hombres habían logrado pisar la luna a pesar que estaban a una distancia unas 350 veces mayor que la que separaba a Colón de sus reyes. Sin embargo, el vértigo de la comunicaciones en tiempo real nos hace olvidar de la realidad del tiempo. En estos días es más común que la gente sepa qué hora es en este momento en Paris a en qué fase de la luna nos encontramos, solo algunos abuelos, en especial en los campos, se acuerdan de cómo han sido los ciclos de clima y pueden darse cuenta qué tanto han sido alterados por problemas como el calentamiento global.
Desde su llegada a América, pero aun más desde la Revolución Verde, nuestra cultura occidental , se desconecta cada vez más de los tiempos de la madre tierra: el tiempo propicio para sembrar o el de recoger son considerados supersticiones que supuestamente deben ser superadas en favor de un conocimiento “científico”.
Las políticas públicas en términos de dotación de equipos y acceso a internet sufren con frecuencia el afán por garantizar la comunicación en tiempo real desde las zonas rurales ¿hasta dónde es indispensable esta estrategia? ¿se puede dotar a las escuelas rurales de tecnologías que no permitan esta interacción? ¿en qué medida esto es discriminación con los habitantes rurales y en que medida realismo económico? ¿Es posible usar mecanismos de comunicación en tiempo real sin perder los ritmos de la vida en el campo? ¿Cuánto tiempo cuesta meterse en la dinámica de las tecnologías de información y comunicación? ¿Para qué le sirve a una comunidad veredal garantizar tener comunicaciones en tiempo real? ¿Podríamos vivir sin ellas?
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