
La rima, la métrica y el ritmo han sido siempre mecanismos mnemotécnicos para la humanidad, la música de las palabras permite recordar. Los relatos son canciones, son poesía: mitos fundacionales historias sagradas, sagas heroicas son todos versos. Muchos de los libros clásicos de la humanidad son transcripciones de relatos transmitidos a lo largo del tiempo: la Odisea de Homero, la Biblia, El Corán, El Ayurveda, El Tao, El Cantar de Rolando, la Leyenda de los Nibelungos, La Canción del Mío Cid, las sagas vikingas antes de pasar a los libros fueron canciones y poesías transmitidas oralmente de generación en generación. Por supuesto toda la cosmología de las culturas que no desarrollaron escritura ha perdurado de esa misma manera, a veces por milenios.
La invención de la escritura por parte algunas culturas cambió no solo el lugar donde se guardan los relatos sino la forma en que se aprenden y se transmiten. La verdad ya no depende de la responsabilidad o prestigio de la persona que la dice sino del hecho de que esté o no escrita. Escribir es un acto de poder, reservado solo a algunos. Siglos más tarde en China se inventó una tecnología para hacer múltiples copias de textos escritos y mucho más tarde una tecnología equivalente aparece en Europa, desarrollada por Johannes Gutenberg: se llamó La Imprenta.
Muchos de los relatos de la tradición nunca fueron escritos, muchos saberes siguen basándose en escuchar y hacer, incluso hay prohibiciones de escribir algunas cosas. Muchos textos manuscritos nunca fueron impresos. Escribir requiere más recursos que contar, imprimir muchísimos más. La palabra es esencial al ser humano, incluso cuando tiene limitaciones para usarla, la escritura es ya una tecnología , la oralidad es por eso el espacio de nuestros saberes más antiguos y de los más profundos.
“Quizá podríamos comprenderlo si supiésemos qué es lo que sueña el hombre blanco, qué relatos cuenta sus hijos en las largas noches de invierno” decía el Jefe Seattle intentando comprender las razones que pueden justificar comprar la tierra. Él sabía que las historias que escucha uno cuando está pequeño le marcan los valores que defenderá toda la vida. Los indígenas, y en general la gente de las zonas rurales, son gente de palabra, de oralidad de relatos, de canciones y de compromisos. “Mis palabras son como las estrellas, nada ocultan” decía el jefe.
Las tecnologías de información y comunicación cambian los relatos que escuchan niños y niñas de esta época, ya no son los abuelos quienes cuentan los cuentos sino la televisión. Se requiere menos imaginación, porque una imagen vale más que mil palabras. La televisión muestra un mundo una cultura, eso no necesariamente es malo. La televisión ha formado ya generaciones, muchos de nosotros somos hijos de la televisión que como nuestra madre o abuela nos ha contado muchos relatos, canciones, ideas. Tenemos algo del cinismo de Bugs Bunny, de la astucia de Mickey Mouse, de la estupidez de Tribilín (que ahora se llama Goofy) y hasta de la tartamudez de Porky. Seguimos construyendo los valores básicos de la cultura occidental (sic) con los cuentos de los hermanos Grimm (aunque ahora no los cuente la abuela, ni la maestra, sino los dibujantes de animé japonés) y definitivamente aprendimos a descubrir “cuál de estas cosas no es cómo las otras” en Plaza Sésamo. Pero la televisión es ya una tecnología “antigua” en términos del desarrollo de las TIC. Mucho se ha dicho, se ha escrito y reflexionado sobre su impacto en la sociedad. Las muy nuevas tecnologías de información y comunicación incluyen además de la capacidad visual nuevas formas de construir relatos, de ellas el hipertexto es la posibilidad más sorprendente.
El hipertexto es formato digital de documento que permite que algunas palabras o términos puedan ser enlazados con otros documentos que se pueden encontrar en la misma máquina en que se está leyendo o en China. Y con solo una acción por parte del lector es posible acceder a un nuevo documento.
Un aforismo de Arthur Clarke dice que “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, aunque la frase también podría endorsarse a Arthur Weasley, el personaje de los libros de Harry Potter, obsesionado con la forma en que los no magos hacen para vivir la vida cotidiana. Y ambos aceptarían el hecho que el recorrer documentos hipertextuales es un acto mágico, que lo puede llevar a uno a los resultados más inesperados en su búsqueda.
La poesía y los relatos tradicionales se recitan, se cantan, se narran. Los textos escritos se leen. El web, los juegos de computador y muchos otros recursos multimediales o hipermediales, incluso sin tener conexión con Internet no se leen, visualizan, ojean , navegan, exploran. Dos factores tecnológicos conspiran para que no se haga una completa lectura del web, el primero que leer sobre la pantalla puede ser más pesado para la vista que hacerlo sobre el papel, el segundo que las conexiones a Internet para la mayor parte de las personas son costosas y lentas, por lo tanto mantener una conexión abierta para leer un texto largo es un lujo que muchas personas no se pueden dar.
Dice León Trahtemberg : “En la mayoría de los estudios se encuentra que el hipertexto se convierte en un pobre sustituto del texto tradicional. Leer en una pantalla resulta más lento y fatigante que hacerlo en textos impresos. En muchos estudios los alumnos examinados sobre su comprensión de lectura en la pantalla evidencian tener una menor asimilación y memoria que aquellos que leyeron el texto impreso. En cierta forma el mensaje que trasmite la computadora al usuario es: «no te detengas a pensar, no tomes demasiado tiempo en un problema, no leas más que unos breves textos en la pantalla; si no funciona, elimínalo y empieza de nuevo»”.
La estructura misma de los documentos hipertextuales está hecha para que la lectura no sea lineal, un sitio web, una multimedia, un sistema de ayuda en línea que contengan largos textos no son atractivos para el usuario de las TIC y no aprovechan las posibilidades de reales del medio. De hecho el autor o autora de un hipertexto no tiene control sobre la forma en que sus lectores recorrerán su obra, en ese sentido un hipertexto puede ser comparado con la obra Rayuela del novelista argentino Julio Cortazar –quien no alcanzó a conocerlo-, y es aun más parecido al canasto del abuelo indígena.
¿Qué impacto va a tener el hipertexto sobre la forma en que nos comunicamos los seres humanos? ¿Cuántos textos, cuántos relatos nunca serán convertidos en hipertextos? Si la poesía o la rima es la forma de escritura de los relatos orales y la prosa es la forma que nace con los textos escritos, ¿qué géneros nos esperan en la literatura hipertextual? ¿Es posible o vale la pena poner los relatos tradicionales de las comunidades rurales en hipertexto? ¿Ayudará esto a mantener la identidad local ante la homogenización global de la cultura?
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